"Yano-kun’s Ordinary Days" es una serie divertida, liviana y muy tierna. Desde el inicio se nota que no busca grandes giros ni drama pesado, sino acompañarnos en una historia cotidiana donde lo simple termina siendo lo más encantador. Me gustó más de lo que creí, a veces solo necesitamos ver algo liviano, bonito y con tintes graciosos.
Yano es un estudiante al que siempre le ocurren tragedias absurdas: llega golpeado, vendado o herido a clases casi a diario. La delegada Yoshida comienza a preocuparse por él, y esa preocupación la lleva a conocerlo más de cerca… y, cómo no, a enamorarse. Poco a poco, Yoshida se propone ayudar a Yano a tener algo parecido a una “vida de estudiante normal”, y así ambos van acercándose de manera muy lenta y natural.
La dinámica entre ellos es adorable. Yoshida es atenta, considerada y claramente enamorada, mientras que Yano es tan puro y distraído que pareciera no darse cuenta de nada. Aun así, su relación avanza con pequeños gestos que resultan muy graciosos y tiernos a la vez. Incluso cuando Yoshida conoce por casualidad al padre de Yano (que es igual de “yuyin" que su hijo), él capta de inmediato que a la chica le gusta Yano, lo que solo hace más bonito todo.
Aparece también Hashiba, quien se le confiesa a Yoshida sabiendo que ella está enamorada de Yano. No hay drama: él lo acepta con madurez y, por cosas de la vida (y porque básicamente lo sigue jaja), termina conociendo más a Yano, dándose cuenta de que es un muy buen tipo y queriendo ser su amigo. Yoshida, eso sí, la tiene difícil con Yano, que es probablemente el chico más lento del mundo para entender sentimientos.
Hasta que pasa: Yano finalmente se da cuenta de que lo que siente por Yoshida es amor. Y aquí la serie brilla muchísimo. Su forma de descubrirlo es tan inocente y directa que resulta imposible no derretirse. Fue, sin exagerar, una de las declaraciones más tiernas que he visto en harto tiempo, y sí: Yano se convirtió en mi husbando de la temporada. No pensé que esta serie me iba a gustar tanto, pero terminó conquistándome por completo, al menos en estos episodios super adorables.
Cuando ellos empiezan a “salir”, ninguno de los dos tiene muy claro qué significa eso realmente, lo que hace que todo sea aún más adorable. Van al cine, estudian juntos, salen con amigos, y Yano se emociona con cada experiencia nueva, sin entender del todo por qué su corazón late tan rápido. Es tontito, bueno y precioso. El grupo sigue creciendo: van a un matsuri, las chicas usan yukata, Hashiba intenta llamar la atención de Yoshida sin mucho éxito, y Yano, sin darse cuenta, logra momentos preciosos, como cuando le pone un anillo de un puestito justo con fuegos artificiales de fondo. Todo muy él.
Más adelante, en el cumpleaños de Yano, sus amigos le organizan una celebración creativa con una especie de búsqueda del tesoro, donde el regalo final es Yoshida entregándole el suyo. Yano dice que es el mejor cumpleaños de su vida, y uno no puede más que sonreír. Luego, ambos comienzan a compartir un diario, lo que permite que se conozcan aún mejor… y ahí aparece el tema de su parche en el ojo. Yano se pone extraño. Dice que es por un accidente y porque tiene el ojo de otro color, pero claramente hay algo más.
Ese “algo” se revela hacia el final. Durante el festival cultural, donde por fin Yano participa con más normalidad (una cafetería del terror), aparece una chica de su pasado. Ella fue compañera suya, alguien que se le acercó sin miedo a su torpeza, hasta que ocurrió un accidente cuando estaban juntos. Los rumores hablaron de una “maldición”, Yano se lo creyó y decidió alejarse de todos para no dañar a nadie más. Al revivir ese recuerdo, vuelve a pensar que está maldito y se distancia otra vez… pero esta vez nadie lo deja solo. Sus amigos, Yoshida y hasta esa chica del pasado, le demuestran que no quieren alejarse de él.
Yano, incluso creyéndose “maldito”, decide no huir más. Y eso es suficiente para que todo cierre de forma cálida y honesta, con todos juntos, haciendo cosas simples y siendo felices. Yano es un personaje precioso que merecía ser feliz. Quizás me hubiera gustado ver un poco más de su romance lento con Yoshida, pero aun así, la historia se siente completa. Una serie sencilla, tierna y algo tonta, pero reconfortante, de esas que te dejan el corazón calmadito y sirven para tomar un respiro de cosas más densas.


















































